¿El peligro es Facebook?



El caso de Micaela, la chica de 12 años que fue asesinada por un hombre que la contactó
por Facebook, nos shockeó a los que somos padres y a los que no también. Pero a los primeros, además, nos abrió los ojos sobre una realidad de la que no somos (o no queremos ser) conscientes: no sabemos qué hacen nuestros hijos en las redes sociales.

El acusado se hizo pasar por una nena y descubrieron que había contactado con engaños a 1.700 chicas. Una de ellas fue Micaela, que tenía no un perfil de Facebook, sino varios, lo que era desconocido por sus padres.

En estos días, muchos de los comentarios apuntaron a Facebook. La red social establece en sus políticas que solo pueden suscribirse los mayores de 14 años. ¿Cuántos menores de esa edad tienen perfil y cuántos padres lo sabemos y hasta los ayudamos a abrir esas cuentas?

Yo lo hice. Y ahora, reflexionando, trazo un paralelismo con el consumo de alcohol: las compañías que lo venden ponen en la etiqueta prohibido el consumo a menores de 18 años. ¿Alentaría a que uno de mis hijos a los 14 años se tome una cerveza? No. ¿Permito que mi hija de 10 use Facebook? Sí.

Prohibirle a un niño que use redes sociales me parece que no es la solución. Son un lugar donde se encuentran y se relacionan con sus pares. Siento que sacarle Facebook  lo aísla respecto de su grupo de pertenencia. Seguro muchos de ustedes compartirán esta apreciación. Pero quizás tenemos que (tengo que, me lo digo a mí misma porque siempre en estos temas no hay autocrítica suficiente) darnos cuenta de que Facebook solo, sin los padres detrás, es como una botella de vodka abierta.

Hace un tiempo entrevisté a la experta estadounidense Anne Colliers, asesora de Barack Obama e integrante del consejo consultivo de Snapchat. Sus ideas me parecieron tremendamente innovadoras: se mostraba en contra de los filtros parentales y otras herramientas de monitoreo porque dan una falsa sensación de control e impiden que los chicos desarrollen sus propias capacidades.

Cuando hay una noticia conmocionante como ésta, yo la leo con mi hija de 10 años. Ella no podía creer que haya adultos que inventen falsas personalidades: aprendió que sí y que ese acoso se llama grooming. Controla que no a haya información personal en las fotos que sube a Facebook (por ejemplo, el uniforme de su colegio).  Y tenemos una regla: en las redes sociales se aceptan como amigos solo quienes son amigos en la vida real.

Pero admito que me siento desvalida frente al peligro. Especialmente, porque yo soy una inmigrante digital y ella es una nativa. Porque hay situaciones en las que no sé qué responder: por ejemplo, cuando me mostró una cuenta de Instagram en la que "escrachan" a chicos del colegio. Atiné a decir que, como en el bullying "físico", en el "virtual" tampoco hay que sumarse al círculo que aplaude al que bulea. Mi estrategia de madre es un poco la que dice Collier: el mundo virtual y el real son los mismos. Y como mi mamá me decía que me cuidara cuando andaba sola por la calle, yo le digo que también se cuide cuando anda sola por Internet.

¿Hago bien? ¿Hago mal? Ser padres es un aprendizaje permanente y creo que eso nos angustia tanto del caso Micaela: saber que podría ser la hija de cualquiera de nosotros. Que nunca hay cuidado suficiente. Que el peligro está en el propio celular de los chicos.


Les dejo el link a la entrevista que mencioné con Collier y también un decálogo de consejos para padres. Vale la pena leerlos. Y me encantaría leerlos a ustedes e intercambiar experiencias. Estar en red, en este caso, puede ser muy positivo.


Adriana Santagati

Soy periodista desde hace 20 años y mamá desde hace 10. Edito en Clarín Sociedad, soy blogger en Disney Babble y escribo en Ciudad Nueva. En este blog recopilo noticias, consejos, experiencias y reflexiones sobre todo lo que nos atraviesa en nuestra vida cotidiana (y en especial en la maternidad/paternidad).

No hay comentarios:

Publicar un comentario